En el parque de mi casa se festejaba
el Día de la Raza
Las ruedas de mi bicicleta
resbalaban como manteca.
Fui a nadar y hubo una fiesta de sabores,
con extraños olores y colores
en el parque de mi casa,
se festejaba el Día de la Raza.
Ya no existía la vida,
ya no existía el dolor
producto del desamor.
Nunca más lo iba a perder,
ahora ya tenía un gran papel
que lo iba a ayudar
a salir a jugar
y cantar
“arroz con leche, me quiero casar,
pero antes a mi querida suegra matar,
por todas las veces que me vino a molestar”.